Revista de prensa: Imanoleando
José Mari Alemán reconoce a Imanol en El Diario Vasco (27/09/2004):

Me encontré en un quiosco el disco Pearl de Janis Joplin que hacía tiempo quería conseguir, para completar toda su discografía. Sólo tres discos en toda la carrera musical de esta chica, que murió con apenas 27 años. Una carrera que duró lo que dura un terremoto, pero que tuvo una intensidad de 10 estrellas en la escala Richter. Recuerdo haber oído en la radio aquello de Me and Bobby McGee, cuando dieron la noticia de su fallecimiento, allá por el 70 y desde entonces la oigo cada vez que me da un bajón generacional.
Me ha coincidido con una época en la que estoy bastante sensibilizado con el asunto de Imanol. No es que fuéramos amigos del alma, pero nos veíamos bastante y nos llevábamos bien. Cuando se fue en el 2000 a Tombuctú, no me sorprendió porque ya habíamos hablado de eso y creo que se lo tomó como una excedencia. Además creo que estaba ilusionado con algún proyecto. Me llamó un año más tarde, cuando tuve un problema, me dio ánimos, me dijo que andaba por el sur y que estaba muy bien. Fue la última vez que hablé con él y ni se me ocurrió pensar que iba a ser así. Estoy descubriendo que no me dijo la verdad y que lo pasó mal en estos cuatro años. Me recuerda mucho a mi paisano Iparraguirre y lo mal que sientan a veces las excedencias. Hay una canción de Imanol que me pone en el túnel del tiempo, como la de Janis. Se titula Egia garestia da, y creo que se la oí cantar con Arantza Irazusta en un especial de Navidad en ETB del año 88 en el que me tocó colaborar. Es como un colocón que te tira para atrás y que cada vez lo veo más peligroso.
A veces me pongo a imaginar qué sería hoy de Janis Joplin si no se la hubieran llevado sus excesos. Hoy tendría 59 años, apenas dos más que Imanol. ¿Seguiría cantando? Yo creo que no. Quizás sí una hija suya, tanto o más salvaje que ella. Y, ¿qué sería de Imanol si hubiera hecho lo que hicieron la mayoría de sus colegas y amigos hace 25 ó 30 años? Quiero decir que se hubiera casado y hubiera formado una familia no muy numerosa. Posiblemente nos hubiéramos perdido una buena parte de esos 21 discos. Posiblemente hubiéramos conocido a un Imanol menos temerario, consciente de que la profesión de artista es como esos fuegos artificiales que suben y suben y luego explotan creando más o menos colorines, que pueden destellar durante cinco segundos o diez minutos, pero que finalmente acaban cayendo. A lo mejor hubiera tenido que buscar otro trabajo, como su amigo Labordeta que puso un pie en la televisión o a la política, o montarse una empresa de producción de espectáculos (creo que lo intentó) o un local de conciertos como acabaron haciendo otros colegas suyos. Iparraguirre también lo intentó, montó un bar y le fue mal, y se casó, tuvo una docena de criaturas y acabó triste, sólo y subvencionado a 10.000 kilómetros de ellos.
Imanol había trabajado como delineante en el estudio de un conocido arquitecto de San Sebastián y en una empresa de prefabricados de Burdeos. Y era muy bueno, según dicen los que le conocieron entonces. Había trabajado muy ilusionado en los últimos tiempos en dos emisoras de radio y tenía muchas cualidades para trabajar en ese medio, pero... Podría haber sido un hombre de televisión y tenía un proyecto para ese medio, pero Podría haber sido otras muchas cosas si este país no estuviera tan avinagrado y si los que gestionan sus recursos no lo hicieran de manera tan tuerta y a veces tan canalla.
Un amigo suyo a quien también le pintaron una cruz roja entre los omóplatos me confesó que Imanol era un gran político. Podría haber llegado al circo público con mucho más brillo que otros que hoy se pavonean por los escaños más diversos. Era un obseso por la actualidad, untaba en el café cuatro periódicos cada mañana. Era culto, sensible, inteligente y tenía buen criterio.
Pronto se le hará algún homenaje, me imagino. No creo que tengamos que esperar al 2047 para celebrar su centenario, como con Iparraguirre. Pero el diseño de ese concierto o lo que sea, tiene su cosa: ¿Un acto multitudinario, como él hubiera deseado? Yo no me atrevería a decir lo que Imanol hubiera deseado ahora. Todas esas gentes que le esquivaban para que nadie les viese con él, ¿por qué ahora? ¿Y las amenazas, desprecios, olvidos y vuelvaustemañanas? Porque en este país ponerse frente al terror, no sólo no puntúa, sino que además crispa. Creo que nos queda mucho aún para llegar a su altura, y no me refiero a sus casi dos metros. Un hombre en constante evolución, que mantenía estrecha relación con las personas más insospechadas. No sabemos si perdonaría y olvidaría, o todo lo contrario. A lo mejor tienen razón los que piensan que es mejor que se le deje en paz.
De momento valgan esos pequeños homenajes que le rindieron Peter Ansorena y Urko en la Semana Grande, José Miguel López en Radio Tres. El de TeleDonosti, Radio Segura y el de Euskal Telebista, y el de Labordeta y Luis Pastor con ese Es Mayo, como un responso, en la localidad madrileña de Rivas-Vaciamadrid, en el concierto a los viejos republicanos al que no pudo asistir, aunque estaba contratado. Estaba muy ocupado con su agonía en Orihuela. Y los que escribieron cosas sobre él. No hay que olvidar el detalle de Fermín Muguruza, que le dedicó en Sagüés el Sarri Sarri, esa hipérbola que une a ambos cantantes con Mikel Antza y atraviesa a otros varios sin corromperlos ni mancharlos.
Yo, por pedir, pediría uno de esos dobles recopilatorios que se titulase Imanol and friends, en francés, euskera y castellano. Es que en este país, de tanto pintarnos con en el rojo igualdá y el verde independentzia, nos hemos quedado en blanco, como escayolados de arriba abajo.





